Mi corazón quedó cuidadosamente sellado, pero siempre algo sucede, el destino es inexorable, tanto y más que el tiempo. Nuestro destino es desesperado e incierto. Pero nos hace felices a ratos.
Mi corazón parecía
irreparablemente dañado, pero tú
lo abriste,
o partiste en dos y
lo llenaste de amor.
lunes, 22 de diciembre de 2008
jueves, 4 de diciembre de 2008
sábado, 15 de noviembre de 2008
Amor
Un sueño dentro de la vida...
Solos venimos y solos nos vamos
¿Y quién soy yo para saber lo que siento?
¿La simpatía que aparte me desgarra?
¿Atracción de la distancia al corazón de afinidad?
¿Y si el amor te deja en el corazón una llaga abierta?
¿Y no puedo revelar lo que aún no sé?
El amor que sientes lo desperdicias lejos de mí
¿Que clase de amor te deja sangrar a distancia?
Ninguna clase de amor te deja sangrar a distancia
Si sólo pudieses ser
La que dé una mirada hacia adentro
Me siento tan incompleto
Estoy sufriendo en silencio
Y nadie quiere ver...
Y sólo Dios esta viendo como sangro
Por encima de una estrella
Mi hogar se ponga en venta
¿Y si el amor te deja en el corazón una llaga abierta?
¿Y no puedo revelar lo que aún no sé?
El amor que sientes lo desperdicias lejos de mi
¿Que clase de amor te deja sangrar a distancia?
Ninguna clase de amor te deja sangrar a distancia
Sentir: Es todo lo que tienes que hacer
Y es que sanará
Siente el dolor para llevar a casa la paz de la mente
Moran dentro
Sentir: Es todo lo que tienes que hacer
Y se que sanará
Siente el dolor para llevar a casa la paz en la mente
y vivir ahí dentro
viernes, 31 de octubre de 2008
De mí para la sociedad...
Será el día que menos lo imagines
en el momento más feliz, aparecerá
y te mostrará que equivocados estaban tus conceptos
y entenderás que la gente apunta a los defectos
por no saber crecer.
Es verdad entonces, de los que viven sin pensar
o tal vez es la filosofía de los que no saben amar
no voy a sentenciar una acusación que no da a lugar.
Todos te van a señalar con el dedo si cometes un error,
y aunque no lo quieras también eres profesional de ver la paja en el ojo ajeno.
porque asi te criaron y posiblemente asi mueras.
En el engaño de una sociedad, que es traicionera y cruel.
Y que no se culpe a los comunistas, a los democratas o a los republicanos,
porque hablo a los simples vasallos, que de entre ellos nacen los peores conflictos armados.
Y ellos mismos salen a matar, dejándo a los pocos que saben amar,
con una razón para decaer..
y otra
y otra...
Temor

Mientras hilbanas los deseos más inquietantes en una hoja, yo repaso con temor las palabras y no me atrevo a creer, juagabas con ella... y cada vez que dibujas una nueva letra le das color a la perfecta mezcla de la colera y la ansiedad. No deseo nada más, ya no quiero ver lo que ha de pasar... Pero por Dios... a su corazón ¡ya no lo dañes más!
viernes, 26 de septiembre de 2008
El adiós es un tesoro
"Si yo muriera hoy, encontraría paz en un cielo que me pertenece. Si hoy descendiera a los infiernos no sentiría las llamas devorando mi carne una y otra vez. Podría dejar pasar la hora solemne que nos espera después del ataúd sólo porque me esperas en el infierno.
Nunca quisiera despertar del dulce sueño, aunque fuera de las sabanas todo es frío y desolación. Por eso dormiré hasta el fin de los tiempos, hasta que mi cuerpo cansado del sufrimiento tome el mismo camino que tu pobre alma, con la última rosa que me diste en mis manos, con la última canción que sonó para nosotros resonando, rasgando un poco más la pena. Sólo me queda una herencia de recuerdos, que no quiero abrir.
La más triste de las despedidas es la que nunca se realiza, como la nuestra, te has ido y no puedes regresar, sin decirme si quiera adiós en la mañana, sin que pueda escuchar "Te amo" por las noches.
Cuan desesperante llega a ser la agonía de quien no está muriendo por el cansancio del cuerpo si no por el ahogo del alma.
Tu no estás lejos... sólo has huido de la culpa..."
Helena Andriotti a Matthew Kholer tras su muerte, Crónica de una mente enferma, Fernanda Magaña.
Nunca quisiera despertar del dulce sueño, aunque fuera de las sabanas todo es frío y desolación. Por eso dormiré hasta el fin de los tiempos, hasta que mi cuerpo cansado del sufrimiento tome el mismo camino que tu pobre alma, con la última rosa que me diste en mis manos, con la última canción que sonó para nosotros resonando, rasgando un poco más la pena. Sólo me queda una herencia de recuerdos, que no quiero abrir.
La más triste de las despedidas es la que nunca se realiza, como la nuestra, te has ido y no puedes regresar, sin decirme si quiera adiós en la mañana, sin que pueda escuchar "Te amo" por las noches.
Cuan desesperante llega a ser la agonía de quien no está muriendo por el cansancio del cuerpo si no por el ahogo del alma.
Tu no estás lejos... sólo has huido de la culpa..."
Helena Andriotti a Matthew Kholer tras su muerte, Crónica de una mente enferma, Fernanda Magaña.
domingo, 24 de agosto de 2008
Historia de un sueño
Hablaré en esta ocasión de la historia de un sueño recurrente que tengo hace mucho. Y también desde hace tiempo deseaba hacerlo público de alguna forma y qué mejor que esta. Mi sueño resulta extremadamente vívido y doloroso de forma que no sé si logre expresarlo tal y como yo lo siento.
“Era un día Domingo como todos y mi novio, a quien yo amé profundamente, como siempre tardaba en llegar, el día era nublado, una mañana de invierno u otoño, el guindo que estaba en el patio de mi casa exhibía sus coronas de ramas cafés, secas por esa época, el clima estaba frio y yo me senté a leer afuera. Pasaron tres horas y me harté de esperar, decidí llamarlo y no contestaba a su celular, registraba estar apagado, empecé a preocuparme y llamé a su casa. No había nadie, recordé que su familia iría ese día a la playa.
Tras muchas llamadas desesperadas un hombre atendió mi teléfono, era un paramédico, me dijo que debía ir a la morgue e identificarle ya que su familia no estaba fui con mi madre y en efecto era el, fue atropellado por un bus y murió casi al acto. Su rostro lucía deformado, a través de un enorme agujero a la altura de su mandíbula podía ver sus dientes, manchados de sangre, mi mente al no poder soportar la escena simplemente dejó de darme señales y caí desmayada.
Al despertar me hallaba directamente al lado de su tumba y miraba el pasto bajo mis rodillas, comienzo a cavar con mis manos y siento mis uñas llenas de tierra. de pronto detrás de mi aparecen mi madre, un amigo y una persona de sexo masculino, la cual en ningún momento muestra su cara, me llevan a mi casa y me encierro en mi cuarto. Allí comienzo a romper todo lo que encuentro y a llorar desconsoladamente, es recién en cinco días que logro salir de ahí. Pero al encontrarme fuera de mi refugio me siento màs debil que antes y mi cordura empieza a flaquear. Me siento en una mesa de mármol que está justo delante de la puerta de entreda a muchos meotrs y me siento a esperar que esa persona llegue, leo todos sus poemas y poco a poco voy enloqueciendo. Al final del sueño veo mi cuerpo desde fuera de él, colgando de una de las ramas de un gran arbol fuera de mi hogar. Y mis restos quedan allí, pues nadie logra verme"
Espero sus opiniones puesto que es un sueño terrible del cual me estoy hartando.
“Era un día Domingo como todos y mi novio, a quien yo amé profundamente, como siempre tardaba en llegar, el día era nublado, una mañana de invierno u otoño, el guindo que estaba en el patio de mi casa exhibía sus coronas de ramas cafés, secas por esa época, el clima estaba frio y yo me senté a leer afuera. Pasaron tres horas y me harté de esperar, decidí llamarlo y no contestaba a su celular, registraba estar apagado, empecé a preocuparme y llamé a su casa. No había nadie, recordé que su familia iría ese día a la playa.
Tras muchas llamadas desesperadas un hombre atendió mi teléfono, era un paramédico, me dijo que debía ir a la morgue e identificarle ya que su familia no estaba fui con mi madre y en efecto era el, fue atropellado por un bus y murió casi al acto. Su rostro lucía deformado, a través de un enorme agujero a la altura de su mandíbula podía ver sus dientes, manchados de sangre, mi mente al no poder soportar la escena simplemente dejó de darme señales y caí desmayada.
Al despertar me hallaba directamente al lado de su tumba y miraba el pasto bajo mis rodillas, comienzo a cavar con mis manos y siento mis uñas llenas de tierra. de pronto detrás de mi aparecen mi madre, un amigo y una persona de sexo masculino, la cual en ningún momento muestra su cara, me llevan a mi casa y me encierro en mi cuarto. Allí comienzo a romper todo lo que encuentro y a llorar desconsoladamente, es recién en cinco días que logro salir de ahí. Pero al encontrarme fuera de mi refugio me siento màs debil que antes y mi cordura empieza a flaquear. Me siento en una mesa de mármol que está justo delante de la puerta de entreda a muchos meotrs y me siento a esperar que esa persona llegue, leo todos sus poemas y poco a poco voy enloqueciendo. Al final del sueño veo mi cuerpo desde fuera de él, colgando de una de las ramas de un gran arbol fuera de mi hogar. Y mis restos quedan allí, pues nadie logra verme"
Espero sus opiniones puesto que es un sueño terrible del cual me estoy hartando.
sábado, 12 de julio de 2008
cuento 1
En las calles de la ciudad, me fijé en un hombre, de cabello largo y entrecano ordenado en una cola, la cual acababa en un perfecto rizo, llevaba un bolso de mano negro y colgando de su hombro izquierdo un tubo cilíndrico como los que usan los arquitectos para guardar sus mapas o los artistas sus dibujos. Debería haber tenido unos cuarenta años o al menos eso reflejaban sus arrugas, las cuales dibujaban cierta expresión de soledad sobre su piel, que no era ni clara ni oscura. Su ropa, de color café oscuro, combinaba con los tonos de invierno de esos días, y me trajo a la mente los recuerdos de una persona que me dejó hace muchos años.
Se adentró por una esquina del centro de la ciudad, no había mucha gente en el sitio, un deseo repentino me llevó a seguirlo, era algo como no lo experimentaba hace años, como una oleada de repentina excitación que afloraba desde mi estómago. Comencé a caminar en la dirección que él había tomado, pero ya no estaba. Una decepción terrible se apoderó de mí y regrese a mi ruta, rumbo a la oficina nacional de relaciones exteriores. Yo a mis treinta y ocho años trabajaba allí, a cargo de un equipo asesor que respaldaba al gobierno en sus relaciones internacionales.
Durante todo el día me sentí rara. Ni una sola palabra de los informes de mis subordinados lograba penetrar mi cerebro. Tal vez era él, habían pasado dieciocho años desde la última vez que supe de su persona. A la una de la tarde salí de la oficina a un restaurant cercano en busca de mi almuerzo, pero no pude siquiera comer. Al paso de las horas llegó la tarde y logré auto-convencerme de que no era la persona que yo había creído.
Se me fueron así dos días, como suele suceder en mi rutina de días rápidos y largas noches de soledad, junto a una película y un cigarro. Llegó entonces el fin de semana y no había nada que hacer. Salí con mis viejas amigas, Paula y Catalina, ambas profesoras de una universidad conocida. Ellas me conocían desde que íbamos a la escuela y les conté mi hazaña del hombre que perseguí en vano. Sumidas en un torbellino de licor y risas, no se enteraron del trasfondo de mi estado: un nerviosismo profundo me asolaba, aunque no había razón, sólo había visto a un hombre que me había sido familiar.
Llegó el lunes y emprendí mi camino de todos los días, todo es normal, sólo era una persona más del mundo, “salgo de mi departamento a las diez de la mañana, llego a la oficina a las diez y media, almuerzo a la una, regreso a trabajar a las dos y salgo otra vez a las cinco, es todo”, pensaba para confortarme en mi rutinario vivir. Salí como demandaba el tiempo, a las diez, ese día, lunes 9 de Marzo, de mi residencia. Caminaba por las mismas calles, y allí estaba nuevamente, caminando delante y una emoción terrible y profunda de apodero de mí, como si una canción hubiese comenzado a sonar otra vez en mi corazón y mi cabeza. Esta vez le seguiría sin perderme. Caminé tras él, separados por dos metros, sentía su aroma, era él, estoy segura de que era el mismísimo Andrés, el hombre que más amé y que jamás olvidé, el mismo que se había ido a España hacían ya dieciocho años y que estaba de regreso. Dio la vuelta en la misma calle que lo había hecho algunos días atrás y entró en un cité con cuatro casas alineadas, todas de dos pisos y una que estaba sobre la puerta. Era un avance, ya sabía donde buscarlo.
Aquel día me pareció resplandeciente. Llamé por teléfono a Paula y le conté, ella rio como lo hacía cuando le contaba mis aventuras para ver a Andrés a horas no adecuadas, y su consejo, fue el de siempre, sigue a tu corazón. Precisamente eso hice, redacté una carta, la sellé y pasé por ese mismo lugar en la tarde. Se la di a un niño que jugaba en el patio del cité y le indiqué que la dejara en la puerta de Andrés a cambio de algunos chocolates.
A las dos de regreso en la oficina todo era normal, y poco antes de salir derramé café en mi traje que por desgracia era el mejor que tenía, y el color blanco no ayudaba mucho, bajé en el ascensor y llegué a la puerta principal.
Emprendí mi camino de todos los días y pasé otra vez por fuera del cité, el corazón me palpitó tan rápido como cuando corría, y en ese momento, mi imaginación era la que corría. Imaginaba que Andrés bajaría y me envolvería en sus brazos, pero nada pasaba. En el piso alto que estaba sobre la puerta, la luz estaba encendida y una silueta estaba parada junto a la ventana. Seguí caminando, pero un avión de papel salido de la ventana se me adelantó. Vi entonces al niño del encargo, que me sonrió y saludo con su mano pequeña y blanca, le sonreí de vuelta y me largué de allí.
Al día siguiente hice el camino de todos los días y estaba el niño parado en la esquina, pero algo parecía estar mal: El niño lloraba desconsoladamente. Corrí a verlo y le pregunté que sucedía y me contó que su padre había tenido un accidente, lo habían atropellado en la calle y estaba en el hospital, le pregunté por su madre y me dijo que ella había muerto hace muchos años, cuando el pequeño nació. Lo tomé entre mis brazos, debería haber tenido unos siete años, lo llevé hasta el hospital, subimos al metro y llame por teléfono a la oficina. Llegamos al hospital, le pregunté “¿cómo se llama tu papá?” y él me respondió: Andrés Valverde. Me congelé.
En ese momento nos pasaron a la sala de espera y yo mantenía a su hijo, el hijo de Andrés, en mis brazos. Pasaron las horas y un médico apareció derepente, su rostro era sereno, pero sus facciones se tornaron preocupantes al verme, me preguntó si yo era su mujer y sólo se me ocurrió asentir con la cabeza. El hijo de Andrés en ese entonces dormía en mis brazos por tanto haber llorado.
Pues bien- me dijo el médico- Lamento informarle...
Pero ya sabía lo que había sucedido.
Media hora más tarde, o cuarenta minutos después de eso, salí con el hijo de Andrés, cansado aun de tanto llorar, él no me preguntó nada, pero se aferraba muy fuerte a mí. Mi vida había cambiado completamente sólo en una semana. Desde entonces me encargué de Javier (el hijo de Andrés), él cada vez se parece más a su padre.
Ahora, mis noches ya no son tan solitarias, pero aun sufro cada una de ellas apegandome a un recuerdo que me abraza y me besa por las mañanas, que me dice mamá y que me recuerda al único hombre que amé.
Se adentró por una esquina del centro de la ciudad, no había mucha gente en el sitio, un deseo repentino me llevó a seguirlo, era algo como no lo experimentaba hace años, como una oleada de repentina excitación que afloraba desde mi estómago. Comencé a caminar en la dirección que él había tomado, pero ya no estaba. Una decepción terrible se apoderó de mí y regrese a mi ruta, rumbo a la oficina nacional de relaciones exteriores. Yo a mis treinta y ocho años trabajaba allí, a cargo de un equipo asesor que respaldaba al gobierno en sus relaciones internacionales.
Durante todo el día me sentí rara. Ni una sola palabra de los informes de mis subordinados lograba penetrar mi cerebro. Tal vez era él, habían pasado dieciocho años desde la última vez que supe de su persona. A la una de la tarde salí de la oficina a un restaurant cercano en busca de mi almuerzo, pero no pude siquiera comer. Al paso de las horas llegó la tarde y logré auto-convencerme de que no era la persona que yo había creído.
Se me fueron así dos días, como suele suceder en mi rutina de días rápidos y largas noches de soledad, junto a una película y un cigarro. Llegó entonces el fin de semana y no había nada que hacer. Salí con mis viejas amigas, Paula y Catalina, ambas profesoras de una universidad conocida. Ellas me conocían desde que íbamos a la escuela y les conté mi hazaña del hombre que perseguí en vano. Sumidas en un torbellino de licor y risas, no se enteraron del trasfondo de mi estado: un nerviosismo profundo me asolaba, aunque no había razón, sólo había visto a un hombre que me había sido familiar.
Llegó el lunes y emprendí mi camino de todos los días, todo es normal, sólo era una persona más del mundo, “salgo de mi departamento a las diez de la mañana, llego a la oficina a las diez y media, almuerzo a la una, regreso a trabajar a las dos y salgo otra vez a las cinco, es todo”, pensaba para confortarme en mi rutinario vivir. Salí como demandaba el tiempo, a las diez, ese día, lunes 9 de Marzo, de mi residencia. Caminaba por las mismas calles, y allí estaba nuevamente, caminando delante y una emoción terrible y profunda de apodero de mí, como si una canción hubiese comenzado a sonar otra vez en mi corazón y mi cabeza. Esta vez le seguiría sin perderme. Caminé tras él, separados por dos metros, sentía su aroma, era él, estoy segura de que era el mismísimo Andrés, el hombre que más amé y que jamás olvidé, el mismo que se había ido a España hacían ya dieciocho años y que estaba de regreso. Dio la vuelta en la misma calle que lo había hecho algunos días atrás y entró en un cité con cuatro casas alineadas, todas de dos pisos y una que estaba sobre la puerta. Era un avance, ya sabía donde buscarlo.
Aquel día me pareció resplandeciente. Llamé por teléfono a Paula y le conté, ella rio como lo hacía cuando le contaba mis aventuras para ver a Andrés a horas no adecuadas, y su consejo, fue el de siempre, sigue a tu corazón. Precisamente eso hice, redacté una carta, la sellé y pasé por ese mismo lugar en la tarde. Se la di a un niño que jugaba en el patio del cité y le indiqué que la dejara en la puerta de Andrés a cambio de algunos chocolates.
A las dos de regreso en la oficina todo era normal, y poco antes de salir derramé café en mi traje que por desgracia era el mejor que tenía, y el color blanco no ayudaba mucho, bajé en el ascensor y llegué a la puerta principal.
Emprendí mi camino de todos los días y pasé otra vez por fuera del cité, el corazón me palpitó tan rápido como cuando corría, y en ese momento, mi imaginación era la que corría. Imaginaba que Andrés bajaría y me envolvería en sus brazos, pero nada pasaba. En el piso alto que estaba sobre la puerta, la luz estaba encendida y una silueta estaba parada junto a la ventana. Seguí caminando, pero un avión de papel salido de la ventana se me adelantó. Vi entonces al niño del encargo, que me sonrió y saludo con su mano pequeña y blanca, le sonreí de vuelta y me largué de allí.
Al día siguiente hice el camino de todos los días y estaba el niño parado en la esquina, pero algo parecía estar mal: El niño lloraba desconsoladamente. Corrí a verlo y le pregunté que sucedía y me contó que su padre había tenido un accidente, lo habían atropellado en la calle y estaba en el hospital, le pregunté por su madre y me dijo que ella había muerto hace muchos años, cuando el pequeño nació. Lo tomé entre mis brazos, debería haber tenido unos siete años, lo llevé hasta el hospital, subimos al metro y llame por teléfono a la oficina. Llegamos al hospital, le pregunté “¿cómo se llama tu papá?” y él me respondió: Andrés Valverde. Me congelé.
En ese momento nos pasaron a la sala de espera y yo mantenía a su hijo, el hijo de Andrés, en mis brazos. Pasaron las horas y un médico apareció derepente, su rostro era sereno, pero sus facciones se tornaron preocupantes al verme, me preguntó si yo era su mujer y sólo se me ocurrió asentir con la cabeza. El hijo de Andrés en ese entonces dormía en mis brazos por tanto haber llorado.
Pues bien- me dijo el médico- Lamento informarle...
Pero ya sabía lo que había sucedido.
Media hora más tarde, o cuarenta minutos después de eso, salí con el hijo de Andrés, cansado aun de tanto llorar, él no me preguntó nada, pero se aferraba muy fuerte a mí. Mi vida había cambiado completamente sólo en una semana. Desde entonces me encargué de Javier (el hijo de Andrés), él cada vez se parece más a su padre.
Ahora, mis noches ya no son tan solitarias, pero aun sufro cada una de ellas apegandome a un recuerdo que me abraza y me besa por las mañanas, que me dice mamá y que me recuerda al único hombre que amé.
martes, 1 de julio de 2008
Un Àngel llora
Las flores ya no llegan
el poema se acabó
lo que un día fue amor
en amargura se volvió
ella quiere regresar el tiempo que pasó
para poder revivir los placeres del ayer
ya no puede ver las cosas igual
porque en un mar de olvido todo ya quedo
ya luz ya no ha perdido su color azul
las estrellas miran
la luna la abraza
y un angel llora......
pasaron ya los años
ya el se olvidó
de el amor que prometió
cuando la conoció
entra a la habitacion y en la cama el la vió
toca su cuerpo frío la tristeza la mató
las flores ya llegaron
el poema empezó
sobre una tumba fría
el llora su dolor
el solo quiere regresar el tiempo que pasó
para poder perderse asi en la dulzura de su voz
ya no puede ver las cosas igual
porque en el mar de olvido todo ya quedo
y a luz ya no ha perdido su color azul...
las estrellas miran
la luna lo abraza
y un angel llora.......
las estrellas miran
la luna lo abraza
y un angel llora..........
domingo, 29 de junio de 2008
Amores Dormidos
Puedo pronunciar tu nombre, pero ya no es lo mismo de ayer puedo decir palabras de amor al viento, pero no llegarán a tu oidos puedo gritar al oceano que me lleve y no lo hará y puedo pedir que la luna ser sol y el mar un desierto Pero no puedo pedir que mi amor despierte porque se durmió entre espernzas y sueños, y no puedo pedir ser honesta porque ya no estan los amores que se han dormido.
Eres tu
Eres, lo que más quiero
eres, un sueño eterno, de otros tiempos
eres mi luz de hoy, mi sol de la mañana, y mi sueño de la noche
Eres la pasion de mi alma,
el color de mi bandera
Las estrellas que me guían en la noche sabran mi secreto,
y es que te amo
cada día más y más.
Eres mi vida,
eres mi luz,
eres mi cordura y también mi locura,
eres mis ojos, mi boca mi oído y mi voz
mi alma, mi intención,
mi todo
Camino hacia la forntera de la vida, allí limita mi existencia en esta tierra, tan basta, que me vio nacer, vivir, sufrir, amar..
Camino hacia la línea blanca, pero no le temo, puesto que todos caminamos hacia ella algun día, me acerco bajo los rayos de la luna, me acompañan sólo ellos en mi andar, por el inmenso sendero que recorreré antes de que agoten mis horas, entre la brisa y la música que produce en mis oìdos. Como aves que cantan en la primavera, asi serán mis horas, pero serán silenciadas cuando cruce esta línea frente a mis pies, debo hacerlo. Es mi deber.
Camino hacia la línea blanca, pero no le temo, puesto que todos caminamos hacia ella algun día, me acerco bajo los rayos de la luna, me acompañan sólo ellos en mi andar, por el inmenso sendero que recorreré antes de que agoten mis horas, entre la brisa y la música que produce en mis oìdos. Como aves que cantan en la primavera, asi serán mis horas, pero serán silenciadas cuando cruce esta línea frente a mis pies, debo hacerlo. Es mi deber.
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