"Si yo muriera hoy, encontraría paz en un cielo que me pertenece. Si hoy descendiera a los infiernos no sentiría las llamas devorando mi carne una y otra vez. Podría dejar pasar la hora solemne que nos espera después del ataúd sólo porque me esperas en el infierno.
Nunca quisiera despertar del dulce sueño, aunque fuera de las sabanas todo es frío y desolación. Por eso dormiré hasta el fin de los tiempos, hasta que mi cuerpo cansado del sufrimiento tome el mismo camino que tu pobre alma, con la última rosa que me diste en mis manos, con la última canción que sonó para nosotros resonando, rasgando un poco más la pena. Sólo me queda una herencia de recuerdos, que no quiero abrir.
La más triste de las despedidas es la que nunca se realiza, como la nuestra, te has ido y no puedes regresar, sin decirme si quiera adiós en la mañana, sin que pueda escuchar "Te amo" por las noches.
Cuan desesperante llega a ser la agonía de quien no está muriendo por el cansancio del cuerpo si no por el ahogo del alma.
Tu no estás lejos... sólo has huido de la culpa..."
Helena Andriotti a Matthew Kholer tras su muerte, Crónica de una mente enferma, Fernanda Magaña.
viernes, 26 de septiembre de 2008
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